Historia
CARLOS HELLMUND: "HEMOS PUESTO UN GRANITO DE ARENA PARA EL ÁREA DE LA COMUNICACIÓN"
Desde 1862, Casa Hellmund ha tejido una historia de emprendimiento y resiliencia que marcó el rumbo de la fotografía en Venezuela durante el siglo XX. De la importación de cámaras Leica y Kodak a equipos FUJI o Canon, su aporte trasciende lo tecnológico y contribuye a preservar de la memoria visual del país. Para Carlos Hellmund, presidente de la empresa, el museo de cámaras que la UCAB instaló con el nombre de la compañía permite “ver de forma más tangible y clara de dónde venimos y cómo eran las cosas antes”.
Como “un sueño hecho realidad” define Carlos Hellmund, ingeniero industrial y presidente de C. Hellmund & CIA, el Museo de las Cámaras que la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB) inauguró, el martes 23 de septiembre, en su sede Montalbán, el cual lleva el nombre de la empresa de la familia Hellmund, fundada en 1862 y una de las más importantes en el mercado de importación y comercialización de equipos fotográficos, de artes gráficas y de apoyo científico de Venezuela.
La exhibición permanente, que contó con la curaduría de la profesora Johanna Pérez Daza -coordinadora de la línea de investigación “Comunicación y Cultural Visual” del Instituto de Investigación de la Comunicación e Información (IDICI) de la universidad-, consta de unos 300 equipos de cine, fotografía y video, y fue levantada a partir de la donación de más de 900 piezas que pertenecieron a C. Hellmund & CIA.
Los artefactos estuvieron muchos años en las oficinas de la empresa, ubicada en Los Ruices, Caracas, y los socios siempre tuvieron la idea de mostrarlos, por su valor histórico, en un sitio con mayor visibilidad.
“Mi papá, junto con el señor Fernando Federico Ramírez y otros más, estuvieron organizando la exposición y, finalmente, se exhibió en un sitio privado. Pero siempre quisieron presentarla a la ciudadanía, a los estudiantes de la UCAB y al país. Me parece excelente, creo que la familia encontró la mejor plataforma posible para compartir esto con el público venezolano”, comenta Hellmund.
Cámaras, proyectores, ampliadoras, lentes, filtros, lentillas, luces, fotómetros, accesorios y estuches son algunos de los artefactos antiguos de alto valor patrimonial que la comunidad ucabista y los visitantes del campus Montalbán podrán apreciar en el museo, ubicado en la PB del módulo 1 del edificio de aulas y frente a la Escuela de de Comunicación Social, así como en otros espacios universitarios como el Centro Cultural y Biblioteca y el edificio Cincuentenario. El resto permanecerá en resguardo por parte de la universidad.
En su mayoría, los equipos datan del siglo XX -a excepción de uno, fabricado en 1895- y provienen de países como Alemania, Estados Unidos, Rusia o Japón. Entre las marcas asociadas se encuentran Ansco, Eastman, Kodak, FUJI, Leica, Da Lite, Metz, Mamiya, Sony y Canon.
“Un gran esfuerzo de emprendimiento y resiliencia”
Para Carlos Hellmund, las cámaras y demás artículos hoy apreciables en el museo abierto en la UCAB constituyen una evidencia categórica de la visión de negocio que tuvieron sus antepasados y que, dice, puede resumirse como “un gran esfuerzo de emprendimiento y resiliencia” que buscaba traer la mejor tecnología fotográfica al país.
“El venezolano era, por excelencia, un comprador que buscaba lo mejor de lo mejor. Mi abuelo escribió una carta a su papá donde le explica que estaba buscando conexiones con empresas alemanas. Entre ellas, Leica, que era como el Rolls-Royce de las cámaras”, recuerda sobre los inicios de la comercialización de equipos fotográficos, por allá por 1925.
Un siglo después de aquello, el ingeniero asegura que el legado de C. Hellmund & CIA, más allá del impacto tecnológico que los equipos comercializados tuvieron en el mercado fotográfico nacional, es haber contribuido a resguardar parte de la memoria histórica venezolana que habita en sus imágenes.
“Uno puede leer textos, pero al ver la imagen de, digamos, Caracas en 1920 o de personas de hace 100 o 50 años impacta mucho más. Es la forma más tangible y clara de ver de dónde venimos y cómo eran las cosas antes”, señala.
El empresario también afirma estar consciente de que, en pleno siglo XXI, los soportes tecnológicos fotográficos cambiaron; que el mundo está volcado hacia los teléfonos móviles con cámaras incorporadas y que las redes sociales, la nube de internet y demás medios digitalizados han dejado atrás al álbum de papel y al consiguiente proceso fisicoquímico de revelado.
Sin embargo, sostiene que el valor de la fotografía sigue intacto y debe destacarse desde distintas ópticas, incluyendo la de la historia del equipamiento que la hace posible. Por ello, tiene la certeza de que el museo de cámaras instalado en la UCAB es de gran relevancia.
“Es importante que los estudiantes sepan de dónde nacen las imágenes que toman con sus teléfonos. Creo que hemos puesto un granito de arena para el área de la comunicación. Gracias a Dios no todo es texto y en esta era digital la fotografía tiene un rol fundamental. La imagen ha sido y es el centro de todo”, apunta.
Fundada en 1862 por Gregorio Cuello, Agustín Morasso y Cornelio Hellmund, C. Hellmund & CIA nació como una empresa dedicada a la exportación de café, cacao y cuero, y a la importación de alimentos, licores y otros rubros. Además, ejercía la representación de la naviera Compaignie Générale Trasatlantique.
“Para ese momento estaban ubicados en La Guaira y en esa época se conseguían los maravillosos productos que salían del campo venezolano, donde destaca el café y el cacao. Eso se exportaba a Alemania porque esos señores tenían contactos. Luego, a principios de 1900, ya había una oficina en Caracas, en el centro, donde estaban todas las comercializadoras», rememora Carlos Hellmund.
Durante su primera etapa, la compañía tuvo que enfrentarse a dos crisis. La primera, la Revolución Libertadora (1901-1903), sedición de un grupo de caudillos, al mando del banquero Manuel Antonio Matos, que intentó derrocar el gobierno de Cipriano Castro y trajo consigo inestabilidad política y económica.
La segunda, la Primera Guerra Mundial, ocurrida en Europa entre 1914 y 1918, la cual ocasionó el desmoronamiento de los precios internacionales de los rubros que la empresa exportaba, obligó a los socios a vender propiedades para cumplir con sus obligaciones bancarias y financieras, y cambió el rumbo comercial de la compañía.
Es así como en 1925, y ante los avances tecnológicos que se registraban en Europa, los propietarios de C. Hellmund & CIA ven una oportunidad en el sector fotográfico y vuelcan su interés hacia esta área. La firma establece tratos con la fábrica de películas Agfa en Berlín y con la fábrica Leitz de Wetzlar.
“Hay una carta muy interesante que le mandó mi abuelo, Carlos Hellmund Winckelman, a su papá, en junio de 1939, antes de un viaje a Europa. En ella resume el pasado de la compañía y la perspectiva que veía para ella en ese entonces. Era muy detallada en cuanto a las importaciones de equipos y productos que hacían y lo que mi abuelo quería como empresario. Creo que esa carta resume muy bien el espíritu del negocio familiar. Mi abuelo puso la semilla, él fue quien realmente refundó o continuó con Casa Hellmund, pero moviéndose alrededor de la imagen y la fotografía, que era uno de sus hobbies, sus pasión. Él la continuó y la convirtió en un negocio familiar», recalca el ingeniero.
Tras la Segunda Guerra Mundial (1939-1945), la firma comenzó la importación de productos de las marcas Ansco, Eastman, Kodak y, más tarde, de la japonesa FUJI, de la que se convertiría en su distribuidor oficial en Venezuela.
En principio, sus principales compradores eran dueños de estudios fotográficos aunque, progresivamente, se incorporaron fotógrafos de la prensa y consumidores particulares.
A inicios del siglo XXI, y con la llegada de las cámaras digitales, la empresa amplió su portafolio e incursionó en la venta de equipos Leica (microscopios e instrumentos) en su división científica; Da Lite, Leica, Metz y Mamiya para la fotografía tradicional, y productos Sony, Canon, Epson y Xerox para las artes gráficas.
Debido a los cambios del mercado, los propietarios de Casa Hellmund decidieron apelar nuevamente a la reinvención y pusieron en marcha la empresa QHA Internacional Inc., dedicada a comercializar, en Centroamérica, equipos tecnológicos de imágenes médicas.
«Yo creo que hemos puesto un granito de arena en lo que es toda el área de la comunicación social, el periodismo, donde la fotografía y las imágenes son clave. Hemos pasado por distintas épocas y hemos logrado sobrevivirlas»,
enfatiza Carlos Hellmund.
A propósito de la historia que las nuevas generaciones pueden encontrar en los equipos exhibidos en el Museo de las Cámaras de la UCAB, Carlos Hellmund pide a los jóvenes apreciar los elementos del pasado que permiten reconstruir la memoria y abrir caminos. También les aconseja “reinventarse y crear valor”, más allá de cualquier tecnología que tengan a la mano, tal como lo hizo su abuelo, hace un siglo, al cambiar el rumbo de la empresa.
“Yo creo que hay que buscar eso, estar alerta ante los cambios. La labor, los estudios y el know-how son valores indispensables. Sobre todo en estos tiempos donde la inteligencia artificial tiene más relevancia, es necesario tener personas capaces de crear contenido auténtico. Es nuestro trabajo alimentar esas destrezas”.
Créditos UCAB
Texto: Grace Lafontant León
**Datos históricos sobre Casa Hellmund extraídos de una entrevista realizada a Carlos Hellmund por Luisa Fernanda Hernández Balestrini, en noviembre de 2015 (Cortesía de Johanna Pérez Daza)
***Fotos: Cortesía Carlos Hellmund (retrato), Manuel Sardá y María Fernanda González (Museo de las Cámaras Casa Hellmund)