Don Rómulo Gallegos en su obra «Reinaldo Solar» nos invita a reflexionar sobre un mal que aqueja a muchos venezolanos: «la inconstancia». El brillante Profesor Ucabista e historiador Carlos Balladares lo ilustra de forma amena en la siguiente reseña:

“Reinaldo Solar” (1920) de Rómulo Gallegos
Carlos Balladares Castillo

La obra de Don Rómulo Gallegos (1884-1969) puede considerarse como parte de los clásicos de la literatura universal y venezolana. Universal por resaltar aspectos que viven todos los seres humanos en cualquier época y venezolana porque se refiere a nuestras permanentes angustias y anhelos. Y en el caso de su primera novela escrita entre 1913 y 1920: Reinaldo Solar, se centra en esa personas que viven haciendo planes pero que nunca los cumplen. Es un rasgo de la idiosincrasia venezolana que nos ha traído tantos males: la inconstancia y por ello el tratar de resolver todo de un solo golpe y nunca por el trabajo diario sin importar lo mucho que demore.

Reinaldo Solar es un joven que no tiene problemas económicos al poseer una hacienda llamada “Los mijaos” en el valle de Caracas (su ubicación ficticia debería ser cerca de Propatria y Catia por los datos que ofrece el libro), que no deja de proponerse ambiciosos proyectos que abandona rápidamente: escribir una novela, fundar una nueva religión, triunfar en el extranjero, fundar un “partido político” civilista; y que al no prosperar termina siguiendo a uno de los tantos caudillos de nuestra historia en una suicida insurrección. Una sola vez y sin gran importancia el autor parece hablar del petróleo al advertir la aparición del surgimiento de “una minas de riqueza fabulosa”, lo cual es lógico porque a pesar de estar en sus inicios su impacto social no se percibirá hasta la década de los treinta. Venezuela es un humilde país rural y las imágenes que nos trasmite lo demuestran (los que admiramos la montaña de Caracas: el Ávila, las disfrutaremos), además de su posición a favor de la vida apacible y de trabajo en el campo en contra de los engaños y la locura acelerada y provisional de la ciudad.

El tema y enseñanza de la novela está en realizar una crítica a nuestra costumbre de buscar éxitos inmediatos y no centrarnos en el trabajo constante. Es una crítica a nuestro falso idealismo que se caracteriza por soñar con un país perfecto que se obtiene en poco tiempo y con una acción heroica. De modo que tenemos una nación de mil proyectos que terminan abandonándose generando un cementerio de utopías chatarras. Muy posiblemente Gallegos ya lo había vivido al soñar con ser un famoso escritor (que al final lo logrará por ser perseverante), pero también lo percibía en todos los levantamientos caudillescos que terminaban en fracaso. Y los que lograban el poder realizaban obras que nunca recibían mantenimiento y se abandonaban por ser del gobierno o revolución anterior. De esa manera señala en palabras de uno de sus personajes: “Al cabo de cuatrocientos años hacemos lo que hacían los conquistadores, que desdeñaban poblar y colonizar, preocupados solamente de la eterna expedición al Dorado. (…) siendo hoy la fuga a Europa otro Dorado. (…) Es necesario emigrar. Es necesario escapar.” Y finaliza: “El amor a la aventura, el gran esfuerzo de un momento, por incapacidad para el pequeño de todos los días. Reinaldo Solar caracteriza perfectamente este caso nacional.” (Jornada I, capítulo IX).

Reinaldo afirma que somos “la absoluta desolación (…), dolor, incurable melancolía, incapacidad, sin tradición, copia”, etc.
Este mal es incurable. Está en la sangre. Somos incapaces de la obra paciente y silenciosa. Queremos hacerlo todo de un golpe; por eso nos seduce la forma violenta de la revolución armada. La incurable pereza nacional nos impulsa al esfuerzo violento, capaz del heroísmo, pero rápido, momentáneo. Después nos echamos a dormir, olvidados de todo. ¡Todo o nada! Pueblo de aventureros que sabe arriesgar la vida, pero que es absolutamente incapaz de consagrarse a una empresa tesonera. Al fin nos quedamos sin nada. (Jornada II, capítulo III).

Para Reinaldo-Gallegos al final llega a la siguiente terrible conclusión:

Nuestro deber está en quedarnos aquí, para sufrir con todo el corazón la parte que nos corresponde en el dolor de la patria, para desaparecer con ella, si ella perece; para tener la satisfacción de decir más tarde, si ella se salva y prospera: yo tengo derecho a este bienestar porque lo compré con mi dolor. (Jornada I, capítulo IX).

Gallegos en buena parte de sus novelas termina realizando una especie de síntesis en el conflicto que plantea la trama. Después de condenar la inconstancia “reinaldina” y nacional señala que es entendible e incluso sana. Porque está bien equivocarse en estos grandes proyectos siempre y cuando terminan prontamente dirigiéndonos a la sencilla meta en el que seamos productivos. “Ya hemos dejado de oír el canto de la Sirena; pero hemos cumplido con la juventud, porque hemos sabido soñar, y con la Patria, porque hemos sufrido el dolor.” (Jornada II, capítulo XI). En la Venezuela que nos muestra Gallegos a través de su primera novela hay mucho de tradición pesimista, porque era la literatura que seguía los pasos del realismo que contemplaba el terrible siglo XIX de violencia y disgregación; y de su formación intelectual positivista que había establecido la barbarie como nuestro diagnóstico. Pero nos recomienda que mientras “la noche” permanezca podemos encontrar refugio en el arte, la vida sencilla, el trabajo constante, y en el paisaje que logra “el reposo y abandono”.

Si con esta reseña te dieron ganas de leer el libro pasa por la Biblioteca Central de la UCAB y pídelo prestado por una(1) semana o si no puedes esperar a llegar a casa para leer esta obra léela en los espacios de lectura que tiene el edificio. Sabemos que tu tiempo vale así que antes de venir verifica su disponibilidad en nuestro catalogo KOHA en sus tres (3) ediciones (Editora latinoamericana, Monte Avila, Espasa-Calpe)