Colección Permanente

La obra de José Campos Biscardi rememora a los artistas plásticos surrealistas de inicios del siglo XX, aquellos que se dedicaron a renegar las convecciones y protocolos sociales imperantes, llenando a los espectadores de imágenes y colores yuxtapuestos que parecieran ser sacados de un sueño. El hecho de que las protagonistas de estas obras sean un par de piernas en contacto unas con las otras, coincide con el simbolismo que respecta a ellas. Por ejemplo, el vínculo social, el que sean las que permiten las relaciones, considerar que son las que favorecen los contactos y suprimen las distancias. Poner la pierna al desnudo significa mostrar su poder.

Cuadro en acrílico sobre tela y madera

150 x 220 cm

El pintor nació en Bucaramanga en 1944 y realizó sus estudios en escuelas de artes plásticas de Cúcuta y San Cristóbal. Expuso sus primeros trabajos en la Biblioteca Pública de San Cristóbal (1965) y en Bogotá (1967). En la década de los setenta se muda a Caracas, pero realiza exposiciones en distintos lugares del país como en el Ateneo de Valencia, Estado Carabobo, en 1977, y en el Ateneo de Barcelona, Estado Anzoátegui, en 1975. Llega a exponer en Nueva York en la Galería Venezuela en 1978.

La obra de José Campos Biscardi rememora a los artistas plásticos surrealistas de inicios del siglo XX, aquellos que se dedicaron a renegar las convecciones y protocolos sociales imperantes, llenando a los espectadores de imágenes y colores yuxtapuestos que parecieran ser sacados de un sueño. El hecho de que las protagonistas de estas obras sean un par de piernas en contacto unas con las otras, coincide con el simbolismo que respecta a ellas. Por ejemplo, el vínculo social, el que sean las que permiten las relaciones, considerar que son las que favorecen los contactos y suprimen las distancias. Poner la pierna al desnudo significa mostrar su poder.

Mixta sobre fibra de vidrio y hierro

180 x 200 x 230 cm

El pintor nació en Bucaramanga en 1944 y realizó sus estudios en escuelas de artes plásticas de Cúcuta y San Cristóbal. Expuso sus primeros trabajos en la Biblioteca Pública de San Cristóbal (1965) y en Bogotá (1967). En la década de los setenta se muda a Caracas, pero realiza exposiciones en distintos lugares del país como en el Ateneo de Valencia, Estado Carabobo, en 1977, y en el Ateneo de Barcelona, Estado Anzoátegui, en 1975. Llega a exponer en Nueva York en la Galería Venezuela en 1978.

En esta pieza del artista plástico Julio Pacheco podemos reconocer escaleras que se encuentran entre unas líneas que nos sugieren, efectivamente, una construcción. Estas escaleras recuerdan a aquellas dibujadas por el pintor holandés Maurits C. Escher porque desafían los objetos simétricos y su posición lógica, además de jugar con la perspectiva. Un espacio vacío y blanco se convierte en uno profundo y estructurado que no se acaba, que está en constante proceso de movimiento y construcción.

Acrílico / MDF, acanalado y texturizado

210 x 180 cm

Desde 1959, a muy corta edad, Julio Pacheco comenzó a cursar en la Escuela de Artes Plásticas de San Cristóbal, donde estuvo hasta 1969. En 1967 inició sus exposiciones en Galerías y Museos en Venezuela y Francia, como el Museo de Bellas Artes y la Galerie Minicipale de Vitry Sur Seine, respectivamente. Ha recibido importantes premios como el Arturo Michelena y el del Salón Nacional de Artes Plásticas, ambos en Venezuela. Su obra se caracteriza por el uso de espacios complejos que crean arquitecturas interiores completamente funcionales, sin asomo de realidad, pero a la vez muy racionales y lógicas (Benko, 2016).

Julio Pachecho reta las simetrías a las que estamos acostumbrados y les otorga una nueva función que pareciera sólo servir en la obra. Podemos confirmar la premisa anterior al ver el cuadro que resalta los colores y que, a su vez, se encuentra perfectamente equilibrado entre las diagonales caprichosas.

Mixta sobre MDF

180 x 120 cm

Desde 1959, a muy corta edad, Julio Pacheco comenzó a cursar en la Escuela de Artes Plásticas de San Cristóbal, donde estuvo hasta 1969. En 1967 inició sus exposiciones en Galerías y Museos en Venezuela y Francia, como el Museo de Bellas Artes y la Galerie Minicipale de Vitry Sur Seine, respectivamente. Ha recibido importantes premios como el Arturo Michelena y el del Salón Nacional de Artes Plásticas, ambos en Venezuela. Su obra se caracteriza por el uso de espacios complejos que crean arquitecturas interiores completamente funcionales, sin asomo de realidad, pero a la vez muy racionales y lógicas (Benko, 2016).

Ricardo Arispe muestra en esta pieza de arte contextual un retrato social contemporáneo de Venezuela, la tierra “de los que lo saben todo pero no saben nada”. La referencia directa a este trabajo es la obra del maestro Da Vinci, donde lo que la constituye es la unión de los contrastes: lo feo junto a lo bello, lo grande junto a lo pequeño, lo fuerte junto a lo débil. Venezuela, en momentos de crisis, también se conforma de contrastes: en una situación de hambruna, enfermedad y gradual destrucción infraestructural, las prioridades de sus habitantes siguen siendo la persecución de los likes mediante las selfies y del mundo de la farándula. Las protestas tienen el objetivo de ser la lucha por la libertad, pero caen dentro del tratamiento frívolo, convirtiendo todo en un chiste.

Impresión sobre papel lustre Hans Müller

83 x 240 cm

El fotógrafo venezolano nace en Barquisimeto, 1980. Se gradúa como Analista de Sistemas de la Universidad Centro-occidental Lisandro Alvarado, siendo ya un auto-didacta en el área de la fotografía. Cursa el Taller de Roberto Mata y estudia en la Escuela FotoArte. En el 2011 comienza su carrera como expositor, participando en diversas galerías y colaborando, en algunas de ellas, con la Alianza Francesa. Es autor de photobooks como: Escrito en el cuerpo (2013), ИВАН И МЭРИ, 30 years after Chernobyl (2016) y #SomosResilientes (2017).

El falso positivo indica que hay algo ahí cuando, relamente, no lo hay. Los cuerpos que simulan la instalación de Ricardo Arispe están conformados por unas pecheras vacías, huecas, unos brazos que no coinciden (son de otros cuerpos) y una máscara que indica protecctión de un ambiente tóxico y dañino (gases, radioactividad, la peste), pero también representan el escóndite del rostro y de la identidad. Hay unos cuerpos, pero no hay nada dentro de ellos, tienen caras, pero no se revelan ¿están preparados para luchar contra algo? ¿existe aquello por lo que lucharán, o es sólo otro falso positivo?

Materiales mixtos

variables

El fotógrafo venezolano nace en Barquisimeto, 1980. Se gradúa como Analista de Sistemas de la Universidad Centro-occidental Lisandro Alvarado, siendo ya un auto-didacta en el área de la fotografía. Cursa el Taller de Roberto Mata y estudia en la Escuela FotoArte. En el 2011 comienza su carrera como expositor, participando en diversas galerías y colaborando, en algunas de ellas, con la Alianza Francesa. Es autor de photobooks como: Escrito en el cuerpo (2013), ИВАН И МЭРИ, 30 years after Chernobyl (2016) y #SomosResilientes (2017).

En la composición Tropus, nos encontramos con la distorsión de imágenes que al público venezolano le son familiares: la Constitución Nacional, y los escudos improvisados utilizados por los civiles en las protestas del 2017. La imagen del libro de la Constitución, que ya de por sí se encuentra maltratado, y la de estos escudos están quemadas, manchadas, salpicadas: transgredidas. No podemos dudar que esta obra está situada en un espacio cultural, social y temporal muy específico: la lucha por las libertades que los civiles tienen por un derecho establecido en esa Constitución, ese pequeño libro que, hace más de 200 años, tuvo la intención de unirnos como Venezolanos. Y, después de todo ese tiempo, se unen (con escudos que improvisan y que, más que proteger, simbolizan) para proteger ese legado.

MDF 12

89 x 109 cm (c/u)

El artista plástico Juan Toro nació en Caracas en 1969. Obtuvo el primer lugar en el Concurso Arte Sin Mordaza y la Primera Mención en la Bienal de fotografía Daniela Chappard. Ha expuesto en diversas galerías y museos de Venezuela, España, Chile y Santo Domingo.

Los trapecistas es una obra que, al igual que su referente, se encuentra en movimiento y equilibrio. El artista utiliza una esfera color rojo para marcar un centro, una polea que moviliza las dos curvas de hierro (una apoyada en la base y otra elevada en las alturas) que, además, están acompañadas de una textura que pareciera ser creada por una fricción entre ellas dos. El color marrón le da un sentido de fuerza a la estructura, y el rojo de la esfera central uno de pasión acumulada, de motor de la pieza.

Hierro tratado con ácido

158 x 227 x 320 cm

Daniel Suárez nace en San Cristóbal, estado Táchira, en 1950. En 1966 decide abandonar la Escuela de Artes Plásticas para encaminarse en su auto-enseñanza por el mundo de la escultura. Sus obras se caracterizan por un lenguaje geométrico muy personal, logradas con materiales como la madera y el hierro, acompañadas de colores sólidos y llamativos. La intención de su arte posee una gran carga social: desea llevar las obras a los peatones, estudiantes, trabajadores, que sea vista fuera de los museos y que formen parte del espacio urbano, es por eso que obras pueden encontrarse en estaciones de Metro, bulevares, plazas y universidades. En el 2003 funda el Centro de Arte Daniel Suárez, donde no sólo realiza la construcción y montaje de sus piezas, sino que también se dedica a la restauración y preservación del arte contemporáneo, trabajando con jóvenes artistas e incluso sus propios hijos.

http://www.centrodeartedanielsuarez.com/ 

El reconocido artista Daniel Suárez ha expuesto a lo largo de estos últimos cinco años un sinfín de obras en el Centro Cultural UCAB. Desde exposiciones completas en su nombre, o con piezas fijas haciendo vida en la universidad, este oriundo de San Cristóbal ha logrado convertirse en un gran amigo de este lugar de encuentro del arte.

En el marco de esta importante alianza entre el Centro de Arte Daniel Suárez y la Universidad Católica Andrés Bello, se instaló en la entrada del Centro Cultural UCAB, la pieza que lleva por nombre “Carmen”. Con un rojo brillante y el distintivo formato artístico que lo representa, la obra le hace honor a la ópera de Georges Bizet y a la cultura francesa.

Esta pieza está hecha de hierro pintado, con esmalte de poliuretano, y junto a otras esculturas del artista crean un toque de distinción, arte y majestuosidad.

Hierro pintado con esmalte poliuretano

164 x 123 x 90 cm

Daniel Suárez nace en San Cristóbal, estado Táchira, en 1950. En 1966 decide abandonar la Escuela de Artes Plásticas para encaminarse en su auto-enseñanza por el mundo de la escultura. Sus obras se caracterizan por un lenguaje geométrico muy personal, logradas con materiales como la madera y el hierro, acompañadas de colores sólidos y llamativos. La intención de su arte posee una gran carga social: desea llevar las obras a los peatones, estudiantes, trabajadores, que sea vista fuera de los museos y que formen parte del espacio urbano, es por eso que obras pueden encontrarse en estaciones de Metro, bulevares, plazas y universidades. En el 2003 funda el Centro de Arte Daniel Suárez, donde no sólo realiza la construcción y montaje de sus piezas, sino que también se dedica a la restauración y preservación del arte contemporáneo, trabajando con jóvenes artistas e incluso sus propios hijos.

 

http://www.centrodeartedanielsuarez.com/ 

Encontrarse con Ches es descubrir una dualidad donde los dos elementos no son iguales, pero se complementan, como la gestación de la naturaleza. Vemos dos círculos, esferas de absolutez, recortadas por tres franjas y un círculo más pequeño que, en uno de ellos, está relleno con la figura de él mismo, como células a punto de reproducirse para generar otras iguales.

Hierro pintado

190 x 200 x 200 cm

Daniel Suárez nace en San Cristóbal, estado Táchira, en 1950. En 1966 decide abandonar la Escuela de Artes Plásticas para encaminarse en su auto-enseñanza por el mundo de la escultura. Sus obras se caracterizan por un lenguaje geométrico muy personal, logradas con materiales como la madera y el hierro, acompañadas de colores sólidos y llamativos. La intención de su arte posee una gran carga social: desea llevar las obras a los peatones, estudiantes, trabajadores, que sea vista fuera de los museos y que formen parte del espacio urbano, es por eso que obras pueden encontrarse en estaciones de Metro, bulevares, plazas y universidades. En el 2003 funda el Centro de Arte Daniel Suárez, donde no sólo realiza la construcción y montaje de sus piezas, sino que también se dedica a la restauración y preservación del arte contemporáneo, trabajando con jóvenes artistas e incluso sus propios hijos.

 

http://www.centrodeartedanielsuarez.com/ 

Esta composición vuelve a ser un logro geométrico del maestro Suárez. Margot Römer nos dice que para comprender el arte de la instalación no debemos tomarlo solo como una manifestación estética, sino como un compromiso con la vida misma, con el hombre, con el aquí y el ahora. Esta afirmación coincide justamente con el objetivo de esta obra: somos testigos de no sólo ver un producto acabado, pero del trabajo puesto en él, un trabajo de días y esfuerzo físico que nos delata el gran compromiso que el artista posee.

Hierro pintado

55 x 465 x 122 cm

Daniel Suárez nace en San Cristóbal, estado Táchira, en 1950. En 1966 decide abandonar la Escuela de Artes Plásticas para encaminarse en su auto-enseñanza por el mundo de la escultura. Sus obras se caracterizan por un lenguaje geométrico muy personal, logradas con materiales como la madera y el hierro, acompañadas de colores sólidos y llamativos. La intención de su arte posee una gran carga social: desea llevar las obras a los peatones, estudiantes, trabajadores, que sea vista fuera de los museos y que formen parte del espacio urbano, es por eso que obras pueden encontrarse en estaciones de Metro, bulevares, plazas y universidades. En el 2003 funda el Centro de Arte Daniel Suárez, donde no sólo realiza la construcción y montaje de sus piezas, sino que también se dedica a la restauración y preservación del arte contemporáneo, trabajando con jóvenes artistas e incluso sus propios hijos.

 

http://www.centrodeartedanielsuarez.com/ 

Podemos ver, por los títulos que corresponden a estas obras, que el artista Daniel Suárez ha tenido un acercamiento a la religión santera, y no deja de usar su arte como herramienta para compartir la experiencia. Oshum es la sincretización de la Virgen de la Caridad del cobre, patrona de Cuba, en la religión santera. El cobre, en las religiones africanas, representa el elemento del agua, principio vital de todas las cosas, la fecundación, vida.

Hierro pintado con esmalte poliuretano

120 x 410 x 60 cm

Daniel Suárez nace en San Cristóbal, estado Táchira, en 1950. En 1966 decide abandonar la Escuela de Artes Plásticas para encaminarse en su auto-enseñanza por el mundo de la escultura. Sus obras se caracterizan por un lenguaje geométrico muy personal, logradas con materiales como la madera y el hierro, acompañadas de colores sólidos y llamativos. La intención de su arte posee una gran carga social: desea llevar las obras a los peatones, estudiantes, trabajadores, que sea vista fuera de los museos y que formen parte del espacio urbano, es por eso que obras pueden encontrarse en estaciones de Metro, bulevares, plazas y universidades. En el 2003 funda el Centro de Arte Daniel Suárez, donde no sólo realiza la construcción y montaje de sus piezas, sino que también se dedica a la restauración y preservación del arte contemporáneo, trabajando con jóvenes artistas e incluso sus propios hijos.

 

http://www.centrodeartedanielsuarez.com/ 

Oggun, por otra parte, representa la sincretización de Santos como San Pedro y San Juan. Dentro de este culto, es el orisha (manifestación de la Entidad superior) de los herreros, por ser su elemento: el metal. Este elemento pasa por un proceso de transmutación mediante la figura del herrero, simbólico transformador. No es casual, entonces, la forma experimental y libre de estas esculturas.

Hierro pintado con esmalte poliuretano

90 x 290 x 50 cm

Daniel Suárez nace en San Cristóbal, estado Táchira, en 1950. En 1966 decide abandonar la Escuela de Artes Plásticas para encaminarse en su auto-enseñanza por el mundo de la escultura. Sus obras se caracterizan por un lenguaje geométrico muy personal, logradas con materiales como la madera y el hierro, acompañadas de colores sólidos y llamativos. La intención de su arte posee una gran carga social: desea llevar las obras a los peatones, estudiantes, trabajadores, que sea vista fuera de los museos y que formen parte del espacio urbano, es por eso que obras pueden encontrarse en estaciones de Metro, bulevares, plazas y universidades. En el 2003 funda el Centro de Arte Daniel Suárez, donde no sólo realiza la construcción y montaje de sus piezas, sino que también se dedica a la restauración y preservación del arte contemporáneo, trabajando con jóvenes artistas e incluso sus propios hijos.

 

http://www.centrodeartedanielsuarez.com/ 

El trabajo geométrico de Daniel Suárez en esta pieza es satisfactorio a la vista: la composición con distintas figuras alineadas perfectamente, con un centro equidistante que resalta en una esfera, como simbolizando un todo, una entidad absoluta. Sánchez escoge a la Cruz de Mayo como inspiración: un símbolo que rinde homenaje a la naturaleza por ser mayo el inicio de las cosechas.

Hierro pintado con esmalte poliuretano

304 x 313 x 53 cm

Daniel Suárez nace en San Cristóbal, estado Táchira, en 1950. En 1966 decide abandonar la Escuela de Artes Plásticas para encaminarse en su auto-enseñanza por el mundo de la escultura. Sus obras se caracterizan por un lenguaje geométrico muy personal, logradas con materiales como la madera y el hierro, acompañadas de colores sólidos y llamativos. La intención de su arte posee una gran carga social: desea llevar las obras a los peatones, estudiantes, trabajadores, que sea vista fuera de los museos y que formen parte del espacio urbano, es por eso que obras pueden encontrarse en estaciones de Metro, bulevares, plazas y universidades. En el 2003 funda el Centro de Arte Daniel Suárez, donde no sólo realiza la construcción y montaje de sus piezas, sino que también se dedica a la restauración y preservación del arte contemporáneo, trabajando con jóvenes artistas e incluso sus propios hijos.

 

http://www.centrodeartedanielsuarez.com/ 

El amarillo es uno de los colores más calientes, expansivos y ardientes, suele desbordar los marcos donde se le quiere ceñir. Daniel Suárez logra concentrar el calor del color en un círculo geométricamente transgredido, formando un pequeño Sol muy particular. El color no se vuelve un elemento invasivo: resalta, pero logra convivir con los objetos de su espacio. En composición, se asemeja a Gestación, obra del mismo artista que se encuentra en Los Caobos.

Hierro pintado con esmalte poliuretano

240 x 150 x 90 cm

Daniel Suárez nace en San Cristóbal, estado Táchira, en 1950. En 1966 decide abandonar la Escuela de Artes Plásticas para encaminarse en su auto-enseñanza por el mundo de la escultura. Sus obras se caracterizan por un lenguaje geométrico muy personal, logradas con materiales como la madera y el hierro, acompañadas de colores sólidos y llamativos. La intención de su arte posee una gran carga social: desea llevar las obras a los peatones, estudiantes, trabajadores, que sea vista fuera de los museos y que formen parte del espacio urbano, es por eso que obras pueden encontrarse en estaciones de Metro, bulevares, plazas y universidades. En el 2003 funda el Centro de Arte Daniel Suárez, donde no sólo realiza la construcción y montaje de sus piezas, sino que también se dedica a la restauración y preservación del arte contemporáneo, trabajando con jóvenes artistas e incluso sus propios hijos.

 

http://www.centrodeartedanielsuarez.com/ 

Daniel Suárez tiene un gran interés de, mediante su arte, expresar su interés por la naturaleza y su interpretación de ella: le concede a esta obra el nombre por el que se conoce a la maravilla natural ubicada en Venezuela: el Salto Ángel. En ella predomina la verticalidad y la textura que se encuentra en la mitad, además, volvemos a encontrar la simetría tripartita en las figuras (cilindros, cubos y círculos) que resaltan de ella.

Hierro tratado con ácido

253 x 70 x 70 cm

Daniel Suárez nace en San Cristóbal, estado Táchira, en 1950. En 1966 decide abandonar la Escuela de Artes Plásticas para encaminarse en su auto-enseñanza por el mundo de la escultura. Sus obras se caracterizan por un lenguaje geométrico muy personal, logradas con materiales como la madera y el hierro, acompañadas de colores sólidos y llamativos. La intención de su arte posee una gran carga social: desea llevar las obras a los peatones, estudiantes, trabajadores, que sea vista fuera de los museos y que formen parte del espacio urbano, es por eso que obras pueden encontrarse en estaciones de Metro, bulevares, plazas y universidades. En el 2003 funda el Centro de Arte Daniel Suárez, donde no sólo realiza la construcción y montaje de sus piezas, sino que también se dedica a la restauración y preservación del arte contemporáneo, trabajando con jóvenes artistas e incluso sus propios hijos.

 

http://www.centrodeartedanielsuarez.com/ 

Daniel Suárez tiene un gran interés de, mediante su arte, expresar su interés por la naturaleza y su interpretación de ella: le concede a esta obra el nombre de la maravilla natural ubicada en Venezuela: el Salto Ángel. En ella predomina la verticalidad y la textura que se encuentra en la mitad, además, volvemos a encontrar la simetría tripartita en las figuras (cilindros, cubos y círculos) que resaltan de ella.

Hierro pintado con esmalte poliuretano

510 x 325 x 233 cm

Daniel Suárez nace en San Cristóbal, estado Táchira, en 1950. En 1966 decide abandonar la Escuela de Artes Plásticas para encaminarse en su auto-enseñanza por el mundo de la escultura. Sus obras se caracterizan por un lenguaje geométrico muy personal, logradas con materiales como la madera y el hierro, acompañadas de colores sólidos y llamativos. La intención de su arte posee una gran carga social: desea llevar las obras a los peatones, estudiantes, trabajadores, que sea vista fuera de los museos y que formen parte del espacio urbano, es por eso que obras pueden encontrarse en estaciones de Metro, bulevares, plazas y universidades. En el 2003 funda el Centro de Arte Daniel Suárez, donde no sólo realiza la construcción y montaje de sus piezas, sino que también se dedica a la restauración y preservación del arte contemporáneo, trabajando con jóvenes artistas e incluso sus propios hijos.

 

http://www.centrodeartedanielsuarez.com/ 

Trinidad es una obra que vuelve a dejar claro la inclinación de este artista hacia la proporción del tres: cada plancha tiene tres cortes, rectos o circulares, la posición de las tres esferas es equidistante, las planchas de hierro están agrupadas en tres parejas. La trinidad suele relacionarse con el número de las jerarquías angelicales, con la simetría que existe entre los cielos y los infiernos. Daniel Suárez pone el compromismo del tiempo y el trabajo para darnos el mensaje de: un buen trabajo geométrico es el que aspira a cierta proporción.

Hierro pintado con esmalte poliuretano

216 x 400 x 100 cm

Daniel Suárez nace en San Cristóbal, estado Táchira, en 1950. En 1966 decide abandonar la Escuela de Artes Plásticas para encaminarse en su auto-enseñanza por el mundo de la escultura. Sus obras se caracterizan por un lenguaje geométrico muy personal, logradas con materiales como la madera y el hierro, acompañadas de colores sólidos y llamativos. La intención de su arte posee una gran carga social: desea llevar las obras a los peatones, estudiantes, trabajadores, que sea vista fuera de los museos y que formen parte del espacio urbano, es por eso que obras pueden encontrarse en estaciones de Metro, bulevares, plazas y universidades. En el 2003 funda el Centro de Arte Daniel Suárez, donde no sólo realiza la construcción y montaje de sus piezas, sino que también se dedica a la restauración y preservación del arte contemporáneo, trabajando con jóvenes artistas e incluso sus propios hijos.

 

http://www.centrodeartedanielsuarez.com/ 

La estructura nos revela una simetría tripartita: podemos encontrar grupos de tres clavos y tres esferas; al tratar de definirla nos encontramos con la forma abstracta de un violín. El título de la obra refiere a “los caprichos de Paganini”, un violinista italiano de los más virtuosos de todos los tiempos, un atributo que se le da por su capacidad de movimiento de los dedos y la flexibilidad de sus articulaciones, una historia que, incluso, tiene un toque sobrenatural.

Hierro tratado con ácido

149 x 43 x 47 cm

Daniel Suárez nace en San Cristóbal, estado Táchira, en 1950. En 1966 decide abandonar la Escuela de Artes Plásticas para encaminarse en su auto-enseñanza por el mundo de la escultura. Sus obras se caracterizan por un lenguaje geométrico muy personal, logradas con materiales como la madera y el hierro, acompañadas de colores sólidos y llamativos. La intención de su arte posee una gran carga social: desea llevar las obras a los peatones, estudiantes, trabajadores, que sea vista fuera de los museos y que formen parte del espacio urbano, es por eso que obras pueden encontrarse en estaciones de Metro, bulevares, plazas y universidades. En el 2003 funda el Centro de Arte Daniel Suárez, donde no sólo realiza la construcción y montaje de sus piezas, sino que también se dedica a la restauración y preservación del arte contemporáneo, trabajando con jóvenes artistas e incluso sus propios hijos.

 

http://www.centrodeartedanielsuarez.com/ 

Los “hilos” de hierro entrecruzados que conforman la vena de este papagayo abstracto es lo que da la ilusión de que está volando, es movido libremente por los aires, mitad sólido, mitad desestructurado con su esqueleto al aire. Esta construcción logra transmitir, mediante la dedicada manipulación del material, la misma libertad que tiene un papagayo que, gradualmente, va elevándose en el cielo.

Hierro tratado con ácido tánico y resina

280 x 160 x 10 cm

Daniel Suárez nace en San Cristóbal, estado Táchira, en 1950. En 1966 decide abandonar la Escuela de Artes Plásticas para encaminarse en su auto-enseñanza por el mundo de la escultura. Sus obras se caracterizan por un lenguaje geométrico muy personal, logradas con materiales como la madera y el hierro, acompañadas de colores sólidos y llamativos. La intención de su arte posee una gran carga social: desea llevar las obras a los peatones, estudiantes, trabajadores, que sea vista fuera de los museos y que formen parte del espacio urbano, es por eso que obras pueden encontrarse en estaciones de Metro, bulevares, plazas y universidades. En el 2003 funda el Centro de Arte Daniel Suárez, donde no sólo realiza la construcción y montaje de sus piezas, sino que también se dedica a la restauración y preservación del arte contemporáneo, trabajando con jóvenes artistas e incluso sus propios hijos.

 

http://www.centrodeartedanielsuarez.com/ 

La mantis del maestro Suárez consiste en finas planchas de hierro dobladas y ajustadas que se sostienen sobre delgados tubos del mismo material. La simpleza de su montaje coincide con lo que entendemos de este insecto: estilizada conforme a su rapidez y agilidad, esbelta y proporcionada, ligera, elegante.

Hierro tratado con ácido

190 x 230 x 160 cm

Daniel Suárez nace en San Cristóbal, estado Táchira, en 1950. En 1966 decide abandonar la Escuela de Artes Plásticas para encaminarse en su auto-enseñanza por el mundo de la escultura. Sus obras se caracterizan por un lenguaje geométrico muy personal, logradas con materiales como la madera y el hierro, acompañadas de colores sólidos y llamativos. La intención de su arte posee una gran carga social: desea llevar las obras a los peatones, estudiantes, trabajadores, que sea vista fuera de los museos y que formen parte del espacio urbano, es por eso que obras pueden encontrarse en estaciones de Metro, bulevares, plazas y universidades. En el 2003 funda el Centro de Arte Daniel Suárez, donde no sólo realiza la construcción y montaje de sus piezas, sino que también se dedica a la restauración y preservación del arte contemporáneo, trabajando con jóvenes artistas e incluso sus propios hijos.

 

http://www.centrodeartedanielsuarez.com/ 

Cualquier interpretación que querramos tomar de Catuche va a coincidir con la inclinación del artista a las figuras naturales: puede referirse al río que nace en el Parque Nacional el Ávila, o al nombre popular de la guanábana. Esta obra geométrica nos habla de proporcionen, de rectitud y de paralelismos, acompañada de un color blanco que resalta estas características.

Hierro pintado con esmalte poliuretano.

119 x 122 x 55 cm

Daniel Suárez nace en San Cristóbal, estado Táchira, en 1950. En 1966 decide abandonar la Escuela de Artes Plásticas para encaminarse en su auto-enseñanza por el mundo de la escultura. Sus obras se caracterizan por un lenguaje geométrico muy personal, logradas con materiales como la madera y el hierro, acompañadas de colores sólidos y llamativos. La intención de su arte posee una gran carga social: desea llevar las obras a los peatones, estudiantes, trabajadores, que sea vista fuera de los museos y que formen parte del espacio urbano, es por eso que obras pueden encontrarse en estaciones de Metro, bulevares, plazas y universidades. En el 2003 funda el Centro de Arte Daniel Suárez, donde no sólo realiza la construcción y montaje de sus piezas, sino que también se dedica a la restauración y preservación del arte contemporáneo, trabajando con jóvenes artistas e incluso sus propios hijos.

 

http://www.centrodeartedanielsuarez.com/ 

Gastón Bachelard ve a la casa como “uno de los mayores poderes de integración para los pensamientos, los recuerdos y los sueños del hombre”. Cuando Asprino realizó su escritorio para la serie Nuevas lecturas (1997), mencionó que era una de sus piezas más emblemáticas por su tono autobiográfico, ser un reflejo de su espacio, refugio personal y lugar para el resguardo y el hacer. Con Arturo Uslar Pietri entre libros (2006) podemos encontrar este mismo lugar para el que fue uno de los intelectuales más importantes del país, un hombre que planeó e hizo país a través de la historia con Lanzas Coloradas (1931). Vemos un escritorio lleno, pero ordenado, donde abundan los libros, otro elemento crucial que representa el aprendizaje, la cultura, lo intelectual. Y es que para el mismo artista el escritorio también significa: paisaje, territorio de la memoria. Obra de abrir caminos, de hacer caminos.

Ensamble en madera y dibujos en grafito

220 x 70 x 49 cm.

Alberto Asprino, proveniente de Maracaibo, es un arquitecto egresado de la UCV que, paralelamente a su carrera, ha realizado grandes contribuciones al arte venezolano desde su propia obra hasta como promotor, curador, museógrafo y gestor cultural. Sus obras resaltan por estar conformadas por objetos que él mismo recupera de las costas de los litorales y las playas venezolanas, considera que el mar es un elemento que transforma objetos como la madera, resultando una obra artística compuesta por la propia naturaleza y el paso del tiempo, recolectada por el humano.

El arte de la instalación da las posibilidades físicas de afirmar lo dicho por al artista Samuel Baroni: “nunca nada está terminado”. Esta obra comienza en el ’91 y sigue siendo modificada hasta el 2014, cambiando los mecates que sostienen la barra de acero por finos hilos de nylon, con la intención de simbolizar sutileza y delgadez, y eliminando unos carbones de madera gruesa que se encontraban debajo de esta instalación. El mismo símbolo del columpio nos indica constante movimiento: el viene y va, cómo gradualmente se va más rápido o más lento, cómo se sube más alto o como ni siquiera se sube. El autor ha puesto en descubierto lo que él considera el alma de su obra: la fragilidad e inocencia de la niñez, de cómo algo que se considera tan hermoso y lleno de vitalidad puede encontrarse en un áspero contexto de crueldad.

Pintura en esmalte y acrílica sobre tela.
Arena y colo plástica con nylon y acero.

194 x 204 cm.

Samuel Baroni nació en Cúa, Estado Miranda, en 1945. Asistió a cursos libres en la Escuela de Artes Plásticas y Aplicadas Cristóbal Rojas y en el Centro Gráfico INCIBA. Comienza su carrera expositiva en la década de los setenta en la Sala Ernesto Avellán, donde tomó lugar el evento en el que recibió su primer premio. Su obra se concentra en la dualidad vida/muerte y recurre a elementos artísticos no convencionales para ponerlos en interacción con el espacio.

La obra que realiza el artista plástico Rolando Peña está muy relacionada al contexto que lo rodea. Él ha sido testigo de un siglo de cambios y avances tecnológicos que traen bonanza, conocimiento científico y nuevas maneras de ver el mundo, para expresarlo mediante el uso del espacio, en este caso, un gran y largo barril de petróleo que atraviesa diagonalmente desde su base hasta casi llegar al techo, como si fuese una viga que sustenta un progreso.

Barril cilíndrico metálico

300 x 260 x 50 cm

Rolando Peña nace en Caracas el 27 de octubre de 1942. Cursa sus estudios artísticos en la Escuela Cristóbal Rojas y en la Escuela de Teatro del Sindicato de Radio y Televisión, también posee un largo récord académico de estudios de danza en Venezuela y en EE.UU. Entre 1965 y 1972 vive en Nueva York, donde funda el primer grupo latinoamericano de vanguardia y conoce al fotógrafo y cineasta Andy Warhol. En 1972 regresa a Caracas y funda el Taller Integral de Danza en el Ateneo de Caracas. En la década de los 80 comienza a trabajar con el símbolo del petróleo: instalaciones que representan barriles petroleros para denunciar las guerras, la corrupción y las ansias de poder que éstos desatan, pero también para celebrar la naturaleza, la ciencia y el estudio del universo.

La trascendencia del arte de Rolando Peña se basa en cómo asume un tema político, económico, social y científico como es el petróleo: mediante el espacio, el tiempo y el elemento del barril dorado como el centro. La base con forma de triángulo equidistante equilibra perfectamente al barril que contiene ese accidente geoquímico que impulsa a la ciencia y a la creación, pero también a las guerras y la corrupción.

Barril cilíndrico metálico

300 x 260 cm

Rolando Peña nace en Caracas el 27 de octubre de 1942. Cursa sus estudios artísticos en la Escuela Cristóbal Rojas y en la Escuela de Teatro del Sindicato de Radio y Televisión, también posee un largo récord académico de estudios de danza en Venezuela y en EE.UU. Entre 1965 y 1972 vive en Nueva York, donde funda el primer grupo latinoamericano de vanguardia y conoce al fotógrafo y cineasta Andy Warhol. En 1972 regresa a Caracas y funda el Taller Integral de Danza en el Ateneo de Caracas. En la década de los 80 comienza a trabajar con el símbolo del petróleo: instalaciones que representan barriles petroleros para denunciar las guerras, la corrupción y las ansias de poder que éstos desatan, pero también para celebrar la naturaleza, la ciencia y el estudio del universo.

Halley es una obra con intenciones de abarcar espacios, de, con su tamaño y expansiones hacia arriba, irradiar color. Es una obra que logra fusionarse con el espacio público gracias a su equilibrio, y logra ser disfrutada por el espectador gracias a su composición.
Hierro pintado con esmalte poliuretano

Víctor Valera nació en Maracaibo, Zulia el 17 de febrero de 1927 y falleció el 5 de marzo de 2013. Fue un pintor, escultor y muralista reconocido por ser uno de los primeros escultores venezolanos en adaptar el hierro para su obra. Como muchos artistas de su generación, vivió en París durante 1952 y 1956. Carlos Raúl Villanueva lo incorporó al proyecto de Integración de las Artes a la Ciudad Universitaria de Caracas: varios de los murales que se encuentran en la Universidad Central de Venezuela son de su autoría. En 1966 su obra representó a Venezuela en la Bienal de Venecia. En 1958, recibió el Premio Nacional de Escultura; en 2002 el doctorado honoris causa de la Universidad Católica Cecilio Acosta (Maracaibo), y en 2009 el de la Universidad Central de Venezuela.

Para esta obra, Herrera ha tomado un referente bastante directo y ha creado, a partir de él, un juego de percepciones alcanzado gracias a la superposición de distintos materiales. Este recurso se mezcla con el uso de claroscuros en la pintura de unos cuerpos que revelan una sensualidad sin rostro y sin color: todos estos son elementos característicos en la obra de este artista.

Mixta sobre papel y contraenchapado

174 x 157 cm

Nació en Valencia, Edo Carabobo en 1947. Estudió Arte Puro en la escuela de Artes Plásticas “Cristóbal Rojas” de Caracas y egresó en 1967. Se inició en la escultura en el campo de la abstracción geométrica en hierro soldado, con fuertes influencias del británico Kenneth Armitage, arte del que se distanció en los años 70 para dedicarse a la ilustración de revistas y panfletos de corte político y al diseño de escenografía de teatro popular. Se acercó la pintura en los años 80, donde desarrolló un estilo pictórico cargado de fantasía y simbolismo, fuertes texturas y claroscuros marcados.

En esta fotografía destaca, además de la configuración triangular en el espacio, la figura del arco de medio punto: el vínculo entre la época colonial con la contemporaneidad. El presente entretejiéndose con el pasado para devolvernos el reflejo de los valores culturales que perfilan el carácter de la cultura caraqueña., por eso es tan importante la inclusión de las personas en la parte inferior de la fotografía, con una iglesia al fondo que pareciera que se elevara hasta el infinito.

Tinta sobre papel de algodón

200 x 65 cm

Raquel Soffer nació en Caracas en 1957, actualmente vive y trabaja en dicha ciudad. Participó en dos ediciones del Salón Hebraica (2006-2007) y sus exposiciones más importantes han sido Visiones Urbanas (2009) y Portas Abertas (2013) en Evora, Portugal.

Persistencia Arcáica guarda relación con la fragmentariedad de la obra de Irazábal: distintos elementos regados por un espacio, pero no desordenados. Igual que los cuerpos de alguna criatura que se extingue, se va des-componiendo, y encontramos los trozos esparcidos pero en su lugar. Unirlos, hilarlos, es conectar un texto que habla de una memoria, de un pasado selectivo.

Tela estampada y vinil

Instalación

Víctor Hugo Irazábal nació en Caracas en 1945. Es licenciado en Comunicación Social de la UCV y tiene una Maestría del Instituto Pratt en Nueva York, EEUU. Fue miembro del Taller de Arte Experimental (1966-1970) y del Taller Doce (1971-1975). Ha sido invitado a importantes bienales y muestras como la 49 Bienal Internacional de Venecia, Italia (2001). Ha generado propuestas como El vuelo del Shapori, instalación presentada en la V Bienal del Barro en América en Maracaibo, Venezuela. Considera que la obra de arte neceista ser concebida como una actividad integral entre arte y vida.

Tieztos es una obra donde el artista no sólo rinde tributo al científico José María Cruxent, sino que recoge pedazos fragmentados, al igual que las piezas que se exponen, de sus propios recuerdos. Además de viajar al Amazonas, también estuvo en una población de Falcón llamada Urumaco, donde se encuentra el Museo Paleontológico. Ahí, observó distintos fósiles de tortugas y caimanes gigantes que habitaron esas tierras hace muchos años. La conmoción que inspira al artista es la de un pasado pre-histórico que, aunque se vea muy lejano, sigue conectándonos por el punto común que compartimos con él: la madre naturaleza.

Acrílico, encáustica, vinil, silicón, relieve,abrasiones y perforaciones sobre MDF y formica

Políptico de 437 piezas

Víctor Hugo Irazábal nació en Caracas en 1945. Es licenciado en Comunicación Social de la UCV y tiene una Maestría del Instituto Pratt en Nueva York, EEUU. Fue miembro del Taller de Arte Experimental (1966-1970) y del Taller Doce (1971-1975). Ha sido invitado a importantes bienales y muestras como la 49 Bienal Internacional de Venecia, Italia (2001). Ha generado propuestas como El vuelo del Shapori, instalación presentada en la V Bienal del Barro en América en Maracaibo, Venezuela. Considera que la obra de arte neceista ser concebida como una actividad integral entre arte y vida.